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Lionel Messi volverá a volar
Leo Messi, durante el partido frente al Chelsea (FOTO: Cordon Press) Las lágrimas de Messi al finalizar el partido contra el Chelsea son el símbolo de un genio herido. El '10' del Barça ha realizado una temporada deslumbrante con amargo final, una suerte de sinfonía inacabada que engrosará su catalógo de grandes obras como futbolista.
En 1505, Leonardo Da Vinci pintaba La Batalla de Anghiari en el Palazzo Vecchio de Florencia. El italiano decidía utilizar una técnica novedosa y arriesgada para fijar los colores a la pared. Tras varios estudios positivos en el taller aplicaba la técnica al lugar escogido para su gran obra, pero la fatalidad se cruzó en su camino: "El viernes 6 de junio de 1505, empecé a pintar en el Palazzo. Nada más aplicar la primera pincelada, el tiempo se estropeó, y la campana de la chancillería empezó a tocar a rebato. Se desprendió el cartón. La jarra se volcó y vertió el agua. El tiempo siguió empeorando y ya no paró de llover hasta el anochecer. La oscuridad era tan grande que parecía que fuera de noche".
Así describía el propio Leonardo uno de los momentos más difíciles de su trayectoria artística. Todos los designios parecían aliarse premonitoriamente anunciando el fracaso de la obra.
La última semana del Barcelona y de su gran figura Leo Messi, ha sido una sucesión de malos presagios. Un larguero que se cruza en una vaselina de Alexis, los fallos de Cesc, el disparo al palo de Pedro en el descuento, la ocasión clave errada por Xavi ante el Real Madrid.
Y ayer, tras las primeras pinceladas, el gol de Ramires tocaba a rebato sobre el césped del Camp Nou. El boceto de la primera parte se emborronaba. En el segundo tiempo, la obra siguió empeorando y tras el gol de Messi la oscuridad nubló a los azulgrana. Cuando llegó el final del encuentro, solo las lágrimas de Leo brillaban en la noche de Barcelona.
Con la Liga sentenciada, el Barça se queda sin la final de Múnich. Todo en una semana. Y los ojos se fijan en Messi. La imagen del rosarino abandonando en estado de shock emocional el césped se ha quedado grabada en los aficionados igual que su penalti errado frente al Chelsea.
11 metros y 15 centímetros
Se trataba del penalti más importante de su carrera, el que hubiera significado el 3-1 a favor de los azulgrana y la clasificación culé. El '10' escogió su sitio habitual, a la izquierda del portero. El balón va alto, fuera del alcance de Cech, pero se estrella en el larguero. Quince centímetros que separan la gloria de Múnich del fracaso.
El mejor jugador del mundo, coleccionista de récords con tan solo 24 años, vivía su noche más aciaga. Tras el penalti errado, no dudó en ofrecerse para liderar el ataque azulgrana, pero el minuto 49 planeaba sobre la mente del rosarino como un ave rapaz que anunció un dramático final. A medida que se acercaba el 90, Leo iba perdiendo fuelle incapaz de abstraerse del penalti errado. Su alargada sombra oscurecía a su equipo como en la eliminatoria de hace dos años ante el Inter, cuando el argentino también cayó preso de la ansiedad.
Tras su error, muchos se preparan para hacer leña de las ramas desprendidas del rosarino. El árbol, frondoso y exuberante durante tres años, vive su invierno de hoja caduca. Pero no ha caído. La savia sigue corriendo por sus extrañas.
Messi ha superado todos sus récords esta temporada. Ha marcado más tantos que nunca en Liga y Champions. La colección de obras maestras que ha dejado a modo de goles y asistencias es innumerable. Sin Messi, el Barça no hubiera llegado con opciones a final de Liga, y quizás no hubiese estado en semifinales de Champions. Sin Leo, el mejor Barça de la historia nunca hubiese tocado la gloria. Pero los genios también fallan y el Michael Jordan del fútbol actual (tal y como le definió Guardiola) erró la canasta decisiva.
Aprender de los errores
Dice el poeta Leopoldo Panero que el fracaso es la más resplandeciente victoria. Solo los más grandes son capaces de ver en la derrota el mejor caldo de cultivo para dar un paso adelante. Para afrontar el siguiente reto.
Maradona vivió graves lesiones al principio de su trayectoria antes de hacer la jugada de todos los tiempos en Mexico 86. Pelé sufrió con amargura el Mundial de 1966 y se retiró de la seleçao pero volvió para el siguiente Mundial poniendo la guinda a su carrera. Con solo 24 años y tres temporadas deslumbrantes en el Barça, ha llegado la hora de que Messi se enfrente al sino de todo deportista: la derrota.
Es muy probable que Lionel no gane el Balón de Oro este año. Lo lógico es que le concedan este galardón a un jugador que gane títulos esta temporada con atención especial a lo que ocurra en la Eurocopa. Pero Leo hace tiempo que solo tiene un rival en el mundo del fútbol: la historia.
Esta temporada ha sido la de la sinfonía inacabada de Messi. Como pasó con Schubert, solo la historia valorará justamente la obra maestra incompleta del genio argentino.
Los más grandes no necesitan consuelo
Dice la leyenda que Da Vinci abandonó el Palazzo Vecchio apresuradamente incapaz de contener las lágrimas por la gran obra que se derretía ante sus ojos. El trabajo de muchos meses se venía abajo en pocas horas.
Cuentan que Miguel Ángel, que también trabajaba en otro mural en el mismo palacio, fue tras él para consolarle. Tras varias horas dio con Leonardo y la imagen que se encontró de él fue sobrecogedora: el genio llevaba una de sus máquinas voladoras y batiendo las alas intentaba volar en las praderas de los alrededores de Florencia.
Los genios no necesitan consuelo, porque a las pocas horas de fallar, y con el corazón aun encogido, ya están pensando en el siguiente reto. La gran obra del '10' del Barça se ha derretido en una amarga semana. Pero Messi, al igual que Leonardo, volverá a volar antes de que tengan tiempo de prender la leña.



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