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Jugadores de Leyenda: Ferenc Puskas
Puskas golpea la pelota durante un partido con Hungría El mejor jugador húngaro de todos los tiempos y uno de los más grandes de la historia, Puskas encandiló al mundo del fútbol durante los años 50 y buena parte de los 60. Condujo a su selección a vivir el mejor momento de su historia y formó parte de una delantera mítica en el Real Madrid. Toda una leyenda.
No se puede hacer un resumen de la historia del fútbol sin hacer un alto en el camino para hablar de Ferenc Puskas (Budapest, 1927 Budapest, 2006). Se le ha situado en un escalafón inferior que Di Stefano, Pelé, Cruyff o Maradona, pero su contribución a este deporte está a la altura de los más grandes.
La FIFA le ha nombrado mejor goleador del siglo XX, y la IFFHS (Federación Internacional de Historia y Estadística del Fútbol) le colocó como sexto mejor jugador de todos los tiempos. Como homenaje, además, la FIFA ha establecido el Premio Puskas al mejor gol del año. Y es que este extremo izquierdo, pequeño, con tendencia a engordar y de complexión débil tenía una zurda mágica capaz de convertir en gol o jugada de peligro muchos de los balones que tocaba.
A finales de los años 30, Puskas entra a formar parte del Kispest de Budapest. Con tan solo 12 años ya jugaba en el filial. A finales de los 40, Hungría cae bajo dominación soviética y el club pasa a llamarse Honved, y a Puskas se le conoce como el Comandante Galopante. Con poco más de 20 años ya es el líder absoluto de su equipo y empieza a configurarse la mejor generación de futbolistas húngaros de la historia.
En los Juegos Olímpicos de Helsinki en 1952, Puskas y compañía se hacen con la medalla de oro. El primer lustro futbolístico de aquella década lleva los colores húngaros. Hasta 31 partidos invictos sumó el combinado magiar. Entre sus sonadas victorias, un 3-6 en Wembley, que suponía la primera derrota en casa de los ingleses. Poco más tarde, un 7-1 ante la misma selección certificaba el momento dulce de Hungría.
La decepción de Berna
Para el Mundial de 1954 en Suiza, todo el planeta fútbol hablaba de Puskas y sus compañeros. Comenzaron con un 9-0 ante Corea del Sur con 3 goles de Sandor Kocsis y dos de Puskas. Otra goleada ante la República Federal Alemana, en este caso por 8-3, metía a Hungría en cuartos de final. Pero Puskas se lesionó y forzó para estar en la final. De nuevo la RFA se cruzaba en el camino. El 10 de Hungría abrió el marcador y Czibor ponía el segundo. Pero Alemania empató rápidamente. A seis minutos del final Rahn obraba el Milagro de Berna. 31 partidos después, Hungría perdía un partido, nada menos que en la final de la Copa del Mundo.
Esta enorme decepción supuso el principio del fin de aquella fantástica selección. Puskas ya no acudiría al Mundial de 1958 al estar sancionado. Pero el zurdo logró 83 goles en 84 partidos y sigue siendo el máximo goleador de la historia de su país.
Huida a Madrid
Tras la Revolución Húngara de 1956, en la que el pueblo magiar se convirtió en uno de los primeros de la órbita soviética en mostrar su oposición al régimen, Puskas y algunos compañeros aprovecharon su estancia más allá del Telón de Acero para refugiarse en Occidente. Una inhabilitación para jugar al fútbol de 15 meses es aprovechada por el bueno de Puskas para engordar más de 15 kilos.
Con 30 años, y con un físico poco apropiado para el deporte, la carrera de Ferenc parece agotarse. Pero Emil Oestreicher, amigo del jugador, lleva a Puskas al Real Madrid. Un plan específico de adelgazamiento le hace perder casi 20 kilos. Lo que no pierde es la magia de su zurda que ahora combina con la inteligencia de Di Stefano. Una pareja que aterrorizará al fútbol mundial.
Puskas estará ocho temporadas en el equipo blanco donde tuvo tiempo de ganar cinco ligas, una Copa del Rey, tres Copas de Europa, una Intercontinental, además de cuatro Trofeos Pichichi. A pesar de llegar con una edad avanzada, pum pum Puskas vivió una segunda juventud en Madrid convirtiéndose en otra leyenda de la Liga Española. Con el equipo madridista anotó 242 en 262 partidos. Tras una vida de éxitos, Puskas se despedía del fútbol en 1967. Una de las mejores zurdas de la historia se quitaba la bota con la que agujereó porterías durante casi 25 años.


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