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Jugadores de Leyenda: Falcão
Falcão fue una de las estrellas brasileñas de los años 80 (FOTO: Cordon Press) El brasileño está considerado uno de los grandes futbolistas de todos los tiempos. Brilló en la 'canarinha' de los años 80 y con la Roma y el Internacional de Porto Alegre.
Dentro de poco se entrega el Balón de Oro. Leo Messi está en todas la quinielas para llevarse el premio. Que el argentino se lleve tal honor solo reivindica la supremacía del Barcelona y lo bien rodeado que está en este equipo, uno de los mejores conjuntos de la historia.
Aprovechando este hecho, en Servifutbol hemos creído conveniente hablar en la sección Jugadores de Leyenda de unos de los jugadores más importantes de otro de los mejores equipos de la historia, aunque con la especial característica de que nunca ganaron ningún título importante. Nos referimos a la selección brasileña de los años 80.
Paulo Roberto Falcão (16 de octubre de 1953, Santa Catarina, Brasil), o simplemente Falcão, era una de la figuras de esa selección que maravilló al mundo con su juego preciosista y elegante, pero que no tuvo la suerte suficiente, porque todo el mundo coincide en que jamás logró levantar un cetro mundial.
Falcão era el mediocentro de la canarinha junto con Toninho Cerezo. Pero no el mediocentro o pivote al que nos tiene acostumbrado el fútbol actual. El brasileño no tenía nada que ver con eso. Era un jugador que no destacaba por presionar muy bien, sino por su brillante visión de juego, elegancia en el toque de balón y un potentísimo disparo de media y larga distancia. Estas características lo encumbraron a ser una de las estrellas brasileñas de todos lo tiempos.
En ese Brasil, al lado de jugadores como Junior, Eder, Zico o Sócrates (capitán de la selección) no había sitio para otra cosa que no fuera jogo bonito. La excelencia en el trato de balón era una premisa de este combinado nacional, donde Falcão era uno de sus principales figuras y arquitectos.
Ídolo en la Roma
El centrocampista brasileño es toda una institución en el Internacional de Porto Alegre, donde debutó y se hizo un nombre en la elite mundial. Allí, en los años 70 consiguió para su equipo tres campeonatos brasileños y cinco estatales, siendo siempre la estrella del equipo junto con Elías Figueroa. Tal era la repercusión de su fútbol que en 1980 fue traspasado a la Roma.
En Europa, Falcão no decepcionó y se convirtió también en el principal jugador de los romanos y en uno de los mejores de todo el planeta. En el Calcio lo apodaron el Octavo Rey de Roma. Con los italianos, en los cuatro años que vistió la elástica romanista, ganó dos Copas de Italia y un Scudetto. Desavenencias con los directivos del club hicieron que se marchara en 1985 al São Paulo, donde ganó el campeonato del estado.
Una selección sin corona mundial
El internacional brasileño era integrante de una de las selecciones más recordadas. Nadie podría imaginarse con el tiempo que semejante elenco de futbolistas se retiraría del fútbol sin levantar la Copa del Mundo. Falcão disputó con Brasil 29 partidos oficiales durante diez años.
Su papel en el Mundial de 1982 fue muy relevante. Los brasileños desplegaron el mejor fútbol del torneo bajo el mando de Falcão, pero no pudieron pasar a semifinales tras perder 3-2 contra la Italia de Paolo Rossi, que acabaría proclamándose campeona. Falcão y compañía tendría otra oportunidad en México 1986.
En ese Mundial, el que encumbró a Maradona, los brasileños partían también como favoritos. Un equipo que mantenía la misma base y que añadía a un atacante como Careca. Pero de nuevo, los brasileños encontraron la mala fortuna. Falcão, que tuvo una actuación menos importante, y compañía, quedaron apeados por el punto de penalti en Cuartos de Final ante la Francia de Michael Platini.
Falcão y el resto de brasileños de su generación entraron en la historia aunque de forma distinta a la habitual. Un equipo de ensueño recordado por generaciones venideras que nunca pudieron ganar un título internacional. Es ahí donde radica la grandeza de Falcão, Socrates, Zico...
Suerte esquiva también en Champions
No solo a nivel de selecciones tuvo mala suerte Falcão, sino que con sus clubes tampoco pudo cosechar los principales títulos. La Roma, construida alrededor suyo, llegó a la final de la Copa de Europa de 1984 contra el Liverpool. Otra vez el punto de penalti arrebató la gloria a Falcão, que no por ello dejará de pasar a la historia del fútbol como uno de los mejores jugadores.





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