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Finales históricas: Manchester-Bayern, 1999
Solksjaer observa cómo entra el 2-1 ante la impotencia de Tarnat y Kahn (FOTO: Cordon Press) El partido más importante a nivel de clubes en Europa, y posiblemente en el mundo, es la final de la Liga de Campeones. Pocas son tan recordadas como la del año 1999...
26 de mayo del 99, Camp Nou. Montserrat Caballé y un Freddie Mercury redivivo gracias a las pantallas del estadio cantan la impresionante Barcelona. Las gradas son un Lloret de Mar en miniatura: rugen llenas de ingleses y alemanes ávidos de goles y victoria. Son hinchas del Manchester United y del Bayern de Munich, los dos finalistas. Por delante, noventa y pocos minutos que cuando terminen nadie podrá jamás olvidar: ni los que están allí, ni los que ven el partido en casa, ni ningún aficionado al fútbol. Es una noche especial para muchos, pero sobre todo para dos hombres. En el lado inglés, para Peter Schmeichel, que afronta su último partido como guardamenta del United. A punto de cumplir 300 encuentros como red devil, el danés viene de ganar la Premier y la FA Cup, pero necesita la Champions, porque con 35 años cumplidos no tendrá muchas ocasiones más. Lo mismo le sucede a Lothar Matthäus, que a sus 38 primaveras es un auténtico torbellino de records y títulos... pero al que le sigue faltando la Orejona.
El choque ya viene de cara para los alemanes desde que se sabe que Roy Keane y Paul Scholes, dos de los mejores hombres del United, se van a perder la final por tarjetas. Pero aún se les va a iluminar más la cara cuando Mario Basler, de falta directa, abra el marcador ajustando un balón a la cepa del poste izquierdo de Schmeichel, convertido en una estatua. Es el minuto seis de partido. El United no se viene abajo: ha tenido unas semifinales muy complicadas con la Juventus (1-1 en casa, salvando los muebles en el descuento, y 2-3 en la ida, pero levantando un partido que iba 2-0 en el minuto 11), así que sabe sufrir. Además, el Bayern no aprieta en exceso, porque tiene el partido donde quiere Hitzfield. El entrenador alemán ha sacado una línea de cuatro hombres atrás, con Matthäus de líbero y la dupla Effenberg-Jeremies barriendo el centro del campo. Siete hombres defensivos para proteger a Kahn y salvaguardar el 0-1, más tres islas arriba para cazar lo que haga falta. Son el peligrosísimo Basler, el rocoso Jancker y el veloz Zickler. Los ingleses se hacen con la posesión, pero no ven puerta. Cole y Yorke no tienen su noche. Es más, son los bávaros quienes coquetean seriamente con el gol, ya en la segunda parte. Primero Scholl, con una preciosa vaselina, después Jancker, de chilena. Ambas jugadas acaban igual: Schmeichel superado y salvado únicamente por el larguero.
Es mediada la segunda mitad cuando Alex Ferguson mueve las piezas que harán historia. En el minuto 67 sienta al sueco Blomqvist para dar entrada al veterano Teddy Sheringham; luego, en el 81, ordena el relevo de Andy Cole por Ole Gunnar Solskjaer. Sheringham y Solskjaer, dos cazagoles, dos delanteros expertos en resucitar partidos que al poco de entrar ya darán faena a Oliver Kahn. Pero el gol no llega y la Copa saca billete para Munich. De hecho, en las entrañas del Camp Nou, Lennart Johansson, presidente de la UEFA, ya ha ordenado decorar el trofeo con los colores bávaros. El cuarto árbitro levanta los brazos para enseñar un 3. Tres minutos y todo habrá acabado, el Bayern podrá por fin recuperar la corona que no luce desde 1976.
Pero el United aún merodea el área rival y logra rebañar un corner. La hinchada inglesa, no podía ser de otra manera, lo celebra casi como si fuera un gol. Estamos en el tiempo de descuento y el Bayern, gato panza arriba, ve a un rubio de 1'93 aparecer en su área: es Schmeichel, que piensa en lo poco que tiene que perder y sube a rematar el lanzamiento de esquina. Desde el banderín levanta la vista David Beckham, el hombre del guante en el pie, que busca precisamente la cabeza del danés. Sin éxito. El balón sale peinado hacia Yorke, que en lugar de aprovecharlo parece que se lo quita de encima, y luego llega a un defensor alemán que, él sí, se lo quita claramente de encima. Rebotado y sin dueño llega a la frontal, donde Giggs, más corazón que cabeza, lo vuelve a meter en el área. Y allí, a tres metros de la portería, casi por casualidad, Teddy Sheringham. El delantero solo la tiene que empujar y salir corriendo a celebrarlo, dejando a Kahn solo con sus protestas de fuera de juego.
El Camp Nou se vuelve loco a partes iguales. Unos gritan de júbilo porque su equipo va a forzar la prórroga (qué equivocados están...), los otros se desesperan. En la banda está Matthäus, sustituido hace diez minutos. Su mirada es un poema, y en su cabeza seguro que aparecen, rebobinadas una y otra vez, las imágenes de la final del 87, cuando Rabah Madjer y un tal Juary le arrebataron la Copa al Bayern en apenas cuatro minutos.
El balón vuelve al centro del campo, la mueven los alemanes. El United la recupera, y Neville no se lo piensa dos veces. Tira un pelotazo arriba y a correr. Solskjaer la recoge, intenta colgarla y se topa con Kuffour. Rugidos en la grada: otro corner. En menos de 30 segundos, otro corner. El ritual es el mismo, con Beckham haciendo de maestro de ceremonias aunque sin Schmeichel, que obviamente se queda en casa por si las moscas. Becks reproduce casi con exactitud el magistral lanzamiento y, esta vez sí, encuentra cabeza. Es la de Sheringham, que peina al segundo palo una perfecta asistencia para Solskjaer. El noruego solo tiene que levantar el pie y ya está todo hecho. 2-1, final. Schmeichel hace una voltereta, Beckham corre con los brazos abiertos, Ferguson salta al césped. Kuffour llora y golpea el suelo, y nada ni nadie parece capaz de levantar un metro y noventa y tres de centímetros de Carsten Jancker, completamente deshecho entre lágrimas. En algún lugar, alguien cambia los adornos de la Copa... Destrozado, Matthäus quizá se promete en ese momento seguir un año más en el club para intentar, de una vez por todas, levantar la Orejona. No podrá ser, porque se topará con el Madrid en las semifinales de 2000. Al año siguiente, rendido, pondrá rumbo a los Estados Unidos; ironías del fútbol, esa temporada el Bayern le ganará la final al Valencia...
La final del 99 se entiende aún mejor con la narración de unos de los titanes ingleses del micrófono, el gran Clive Tyldesley. Suyas son unas palabras que seguro aún ponen la piel de gallina a miles de aficionados de Manchester United: "Is this their moment? Beckham... into Sheringham... and Solskjaer has won it! Manchester United have reached the Promised Land! (...) History is made, Manchester United are the Champions of Europe again and nobody will ever win a European Cup final more dramatically than this!






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