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El viaje al centro del ataque de Leo Messi
Messi ha logrado depurar su juego en los últimos años (FOTO: Cordon Press) Pocas veces un cambio de posición ha tenido tanta trascendencia en la trayectoria de un jugador. La decisión de Guardiola de llevar a 'la Pulga' al centro de la delantera del Barça ha contribuido decisivamente en la progresión del genio argentino, que ha finalizado la presente temporada con 72 goles.
Muy lejos queda ya el debut oficial en Liga de Messi con el Barcelona. Fue en octubre de 2004 en el Olímpico de Montjuic ante el Espanyol. Aquel día, Messi disfrutó de unos minutos en el derbi dejando constancia con sus quiebros y desparpajo que se trataba de un jugador diferente. Pocos sospecharon que ese menudo argentino iba a ser el líder absoluto de la mejor época de la historia del club.
El Messi de las jugadas imposibles
Rijkaard fue, poco a poco, contando con el rosarino, mientras aprendía al lado de Ronaldinho, uno de sus grandes referentes. Messi venía de deslumbrar en las categorías inferiores del Barça. Su nivel y estilo de juego era bien conocidos por el técnico holandés. Leo era un jugador veloz, muy desequilibrante y con una notable capacidad goleadora.
El clásico sistema de juego impuesto por Cruyff en el que dos extremos se pegaban a la cal para abrir las defensas rivales era también aplicado por Rijkaard. La mayor parte de las veces, ya desde la época de Stoichkov, estos extremos jugaban a pie cambiado. Ronaldinho partía de la banda izquierda mientras que Messi actuaría de extremo derecho. El carril central era dominio del camerunés Etoo.
Los años de Messi con Rijkaard estuvieron marcados por las desafortunadas lesiones y un rendimiento goleador no demasiado alto. Sin embargo, cada jornada las expectativas puestas en el argentino eran mayores. La velocidad y habilidad con que conducía la pelota, sumado a un germinal sentido de juego colectivo le conferían la categoría de gran promesa del fútbol mundial. Pero su hándicap eran los goles.
Los inicios de Messi con la primera plantilla del Barcelona estuvieron marcados por un exceso de exigencia física. Leo, consciente de su superior velocidad y capacidad técnica, intentaba cada partido hacer la jugada del siglo, algo que llegó a conseguir con el célebre gol maradoniano frente al Getafe. Pero su individualismo perjudicaba la frescura física y mental del rosarino que no terminaba eficazmente muchas jugadas.
Guardiola ve la luz un 27 de febrero de 2010
Con la llegada de Guardiola, Messi ha vivido su época dorada. Tres Balones de Oro en tres temporadas espectaculares. Pero el momento clave de la evolución del argentino llegaba en la segunda campaña de la era Pep. El fichaje de Ibrahimovic era una apuesta para fijar un eje en el centro del ataque en torno al que giraría el resto de la ofensiva azulgrana. Pero tras una notable primera vuelta el rendimiento del sueco bajó enteros.
El Barça se enfrenta al Málaga en febrero de 2010. Messi abandona la banda derecha y cae el centro sin ningún disimulo. Ibra aun estaba por delante, pero el 10 se libera al dejar atrás su pasado de extremo. Y es que Leo ya no era solo un jugador desequilibrante y veloz. El aprendizaje al lado de varios de los mejores centrocampistas del mundo le había dotado de una gran visión de juego y capacidad combinativa. Messi se convertía en el jugador total que es a día de hoy.
A partir de aquel partido, Guardiola llegaría a la conclusión de que el juego ofensivo del Barça debía girar en torno a Messi. Sin ambages. Eso suponía reordenar la plantilla para adaptarla al rosarino.
Ibra se fue, como lo hizo antes Eto'o. Llegaba Villa con la misión clara de jugar en banda. Pedro ya se había adaptado perfectamente a ese rol. Al año siguiente, Alexis aterriza con idéntica misión. Los éxitos del Barça son los éxitos del cambio posicional de un Messi que ha batido todos los récords goleadores.
Goleador y asistente
Leo ha logrado depurar su juego y llevarlo a un nivel nunca visto en otro jugador en las últimas décadas. Tal vez, incluso, en la historia de este deporte. La Pulga vive un exitoso libre albedrío en el equipo catalán basado en el acierto de sus decisiones sobre el campo. El sentido de juego de Messi es casi infalible y el fútbol del Barça vive de la fe en el mensaje futbolístico del rosarino.
Y es que el argentino ha dejado de buscar hacer la jugada del siglo cada partido. Saca más rendimiento a su juego gracias a la combinación con sus compañeros en paredes imposibles que ya son una seña de identidad en el estilo azulgrana. Al ampliar su zona de influencia sobre el campo, entra mucho más en juego con la pelota y ya no está aislado en banda esperando ansioso su oportunidad.
Messi es reconocido especialmente por sus goles, pero en las últimas temporadas se ha convertido en un pasador de élite. Todos los partidos deleita con varias asistencias geniales. Es esta combinación de verticalidad, dribbling y gol, con pausa, combinación y asistencia decisiva lo que le convierte en un jugador inalcanzable hoy en día.
Leo decide respirar en determinadas fases de los partidos para ahorrar combustible. Se puede decir que descansa dentro del campo. Pero su peso es tan importante que debe estar presente siempre, aunque solo sea en espíritu. En cualquier momento, el equipo puede volver a necesitarle, y el '10' saldrá de sus pequeños letargos para volver a liderar el juego.
Guardiola soñó un día con que aquel rápido extremo zurdo podía asumir un rol diferente. El viaje al centro del ataque es una historia escrita por un visionario en la que Leo Messi ha terminado por convertirse en el protagonista de una apasionante odisea azulgrana.Tito Vilanova debe ahora tomar la pluma de Pep para narrar la segunda parte de este viaje.



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