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Chicos Malos: Miguel Brito
Miguel ha acumulado multitud de escándalos en el Valencia (FOTO: Cordon Press) Sus incontables actos de indisciplina en el Valencia y sus incidentes fuera de los terrenos de juego convierten a Miguel Brito, lateral diestro del Valencia, en una de las personalidades más polémicas de nuestro fútbol.
En está sección no podía faltar uno de los nombres que más polémica ha suscitado en los últimos años en la Liga española. Que lo pregunten en Valencia. Y es que Luis Miguel Brito García Monteiro (4 de enero de 1980, Lisboa), más conocido como Miguel, ha sido un auténtico quebradero de cabeza para la entidad ché.
El lateral derecho portugués es un jugador de nivel, que ha sido internacional con su selección más de 50 veces pero siempre ha arrastrado el handicap de sus escaramuzas fuera de los terrenos de juego. Miguel, rápido y potente, es un carrilero con clara vocación ofensiva pero que nunca ha podido explotar realmente sus capacidades como futbolista.
El internacional portugués llegó a Valencia en 2005 por ocho millones de euros procedente del Benfica. En el club lisboeta forzó su marcha tras tener problemas disciplinarios en la entidad lusa. Algo que sería ya característico durante toda su estancia en Mestalla.
Líos en Valencia
Lo han llegado a llamar el Pistolero de Valencia. Este apodo hace pensar que llegar tarde a multitud de entrenamientos o no coger a tiempo los transportes para los desplazamientos del equipo fuera de casa es casi nada en comparación con acciones que le han llevado varias veces a comisaría y a dependencia judiciales.
Su primer acto grave como jugador del Valencia tuvo lugar un 4 de enero de 2008. Junto con Manuel Fernandes, compañero valencianista por aquel entonces, acabó de madrugada en una comisaría de Valencia tras iniciar una pelea a altas horas de la madrugada en una discoteca. La versión de Miguel fue bien distinta. Según el futbolista un cliente les acusó de haber robado un reloj.
Y casi dos años después, uno de sus actos más conocidos. El lateral se vio implicado en otro problema en una discoteca, donde le negaron la entrada a él y a unos amigos. Esta vez en Lisboa y con armas de por medio. Según la policía lisboeta uno de los implicados llevaba una pistola que fue utilizada en la disputa contra los porteros de la discoteca.
Sorprende como con todo esto Miguel era capaz de compaginar su profesión de futbolista con estos incidentes, que lo llevaban con frecuencia a los juzgados de Lisboa y Valencia. Pero como era normal, estos actos deben tener repercusión en su juego. Las últimas temporadas de Miguel en el club ché han sido muy irregulares.
Los directivos del Valencia han tratado de deshacerse del jugador sin éxito, cansados ya de sus actos de indisciplina y de que las noticias que genera nunca tienen que ver con buenas actuaciones sobre un campo de fútbol.
Fiesta y tabaco
El propio Miguel no se aleja de los líos y en sus declaraciones crea más motivos para evidenciar que es un auténtico Chico Malo y que esto del fútbol lo entiende de otra manera. En una entrevista concedida a la Cadena Ser afirmó que "antes, en el Benfica, salía dos o tres veces por semana. Y hoy en Valencia salgo los jueves. Me he acostumbrado, me gusta salir ese día como a vosotros en España, es cuando más gente sale. No me escondo".
Y luego está el tema del tabaco, algo que sorprendente en este nivel de exigencia y profesionalismo. Miguel es muy claro al respecto: "Son muchos años ya. Fumo desde los 14. Dos o tres cigarritos. Me sé controlar".
El último incidente
En mayo de 2010, Miguel viviría su último acto desagradable en Valencia. En el entrenamiento previo al partido del Valencia-Xerez, el futbolista atropelló a dos mujeres de 74 y 68 años. Las mujeres no registraron heridas de gravedad pero Miguel se vio envuelto en otro capítulo polémico. El alcohol no tuvo nada que ver con el accidente, según confirmo la policía, pero la sombra de la imprudencia rodeó el accidente.
Lo más probable es que Miguel salga cuanto de antes del Valencia, aunque es algo que se viene diciendo desde hace tiempo. El equipo que lo fiche debe prepararse para tener a un buen futbolista dentro del terreno de juego y Chico Malo con mayúsculas fuera de los estadios.





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